
Había una vez dos ranas que, sin saber como, estaban en un cuenco de nata. Las dos pataleaban con fuerza para no hunirse y como consecuencia morir. La primera rana se canso a los diez o quince minutos. La otra, en cambio, siguió pataleando durante un par de horas la nata se convirtió en mantequilla y la otra rana pudo salir sana y salva del cuenco .
Moraleja: no hay que rendirse nunca.
Princesita
